La lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable. Una música humilde se despierta con ella que hace vibrar el alma dormida del paisaje. – Lorca, Libro de poemas.
Hace ya unos años vengo desarrollando el proyecto Mawlid -un proyecto vivo, muy orgánico-, con mi gran amigo Moncho Rodríguez. Empezamos trabajando Los poemas de las horas de Ibn Al Jatib; politólogo, gran visir y poeta granadino del siglo XIV. Después de algún directo, lanzamos la “Hora uno” (2023), amadrinados por la genial cantaora Carmen Linares.
Hassan Laaguir, director de cooperación de Fundación Euro-Árabe en Granada, se implicó en el proyecto y nos propuso actuar en Abu-Dhabi dentro de los actos organizados para festejar el Día Mundial de la Lengua Árabe (diciembre, 2023). De regreso a Granada y sorprendido (imagino) por mi determinación, Hassan, dejó uno de sus guembris en mi casa con toda la intención del mundo. Él es amazigh. El guembri es amazigh y, de repente, como quien salta un escalón, empecé a comprender, más allá de Al-Ándalus, la dimensión amazigh.
EL GUEMBRI
El Guembri es un instrumento de tres cuerdas, un antepasado del bajo. Está fabricado con madera de diferentes tipos, piel de camello y cuerdas de tripa de cabra. Tres almas conviven en el instrumentoy la música les da vida, las mezcla, las reúne. Para mí fue un instrumento soñado antes de ser tocado.
Conseguí que Hassan Laroussi, lutier de Essaouira, me fabricase mi primer guembri. Más tarde, a través Hassan, llegó a mis manos un segundo guembri, original de Fez y perteneciente a un antiguo maestro gnawa.
LA CULTURA GNAWA
Cuando descubres algo, primero crees ser único. Después, te das cuentas de que todos lo sabían. Des-cubrir no es más que quitarse un velo propio, pero es fantástico cuando se cae. Mi viaje acaba de empezar, pero camino sobre pasos viejos, otras huellas.
La repercusión de la música Gnawa de Marruecos en todo el mundo es, como digo, de sobra conocida. Una expresión artística de raíces subsaharianas; música de esclavos, danza y ritual, una puesta en escena con un propósito sanador. Paul Bowles, Williams Burroughs, Brion Gysin o Brian Jones ya habían sido hipnotizados por esta música. Como dijo el propio Brion Gysin: “Esa es mi música. Quiero oír esa música el resto de mi vida”. Se puede afirmar que es el origen del blues y del rock. La sicodelia de los sesenta se lo debe casi todo a la cultura gnawa,estética, musical y profundamente. Si no nos hubiera educado el colonialismo, no habríamos explotado el camino a las raíces.
Un golpe de suerte puso en mi camino a Abdellah Ghailan, Maalem (maestro) gnawa afincado en Granada, que ya había grabado y tocado con Moncho tiempo atrás. Aceptó enseñarme por su cercanía con Hassan Laaguir casi a regañadientes. De su mano me llegaron canciones del repertorio clásico con el que aprender a tocar el guembri. Sus lecciones me enseñaron a manejarme con este instrumento tan transformador que ha reprogramado mi forma de ser músico.
Mawlid empezó como una búsqueda en la tradición, pero se va conformando como algo mucho más primitivo, mucho más radical: una búsqueda que va de la tradición al origen con instinto de vanguardia.
LAS CANCIONES
En el espíritu de las nuevas composiciones estaba la imagen de ese Marruecos intuido que aparece en todos los temas. El peregrinaje y su eterno deambular. La búsqueda del trance hasta nuestra cura definitiva. Encontrar las manos que nos guíen y a nuestro hermano amazigh. Llegar hasta el desierto y velar las noches en las interminables lilas. Vencer el miedo a perderse. Vencer el miedo. Superar la nostalgia de nuestro centro. Dejarse llevar por la corriente de ese nuevo río de luz.
La música de los clásicos nos daba las ideas que necesitábamos para crear nuestro gnawa en español. Así surgieron “Manos que me guían” o “Bermasouyé”. Otras tienen un desarrollo más personal como “Mapa del trance”, “Oh Amazigh”, “Río de luz” o “Matar al jaguar”. Las canciones empezaban a desarrollar su propio argumento, el viaje, ese exacto movimiento al que también me empuja el guembri. “Mapa del trance” hace referencia a varias ciudades de Marruecos que, curiosamente, íbamos a visitar poco después. La letra como una profecía que abre el camino. Una intuida coincidencia. Pero también Granada. El tema “Boabdil el Chico” de Miguel Ríos, que ya hice con Lagartija Nick, ahora modo gnawa marca el punto de partida y, tal vez, el de retorno.
EL PROYECTO
Con Fulgencio Martínez, director y montador de cine que ha trabajado mucho en Marruecos y lo conoce bien, comenzamos a imaginar un proyecto documental que se llamaría Los viajeros del guembri. Nos embarcaríamos en un viaje físico y espiritual desde Granada hasta las puertas del Sáhara, alma de Marruecos, para descubrir el guembri y la música gnawa.
En esas estábamos cuando el destino nos echó una mano.