PRIMERA PARTE
Llueve. Llueve muchísimo y vamos por primera vez a Tánger.
José Sánchez Montes, el director del documental Omega, nos invitó a Isabel Daza y a mí a la presentación de la película el Cine Rif de Tánger. Isa y yo aprovechamos la tarde antes del estreno para intentar contactar con Abdellah El Gourd. Nos costó encontrar su Dar Gnawa (Casa Gnawa) en la Terraza Borj Al-Hajoui. Comprobamos que no estaba allí y preguntamos a quien estaba sentado más cerca, se llamaba Mohamed Badri y conocía bien al maalem. Intentó encontrarlo en varios puntos de la ciudad sin éxito. Entre idas y venidas entablamos una buena relación con Mohamed.
En el patio del histórico Hotel Minza de Tánger, tras la proyección de Omega, pude exponer nuestro proyectoa un selecto grupo entre los que se encontraban José María Davó, Agregado Cultural de la Embajada de España, Aurora Díaz Rato, Cónsul de España en Marruecos y Juan Vicente Piquers, escritor y, en ese momento, director del Instituto Cervantes en Tánger. Rápidamente, me hablaron de la posibilidad de formar parte de la programación de “Las noches de Ramadám” que organizan juntamente la Embajada y el Cervantes. “Las noches de Ramadán”, sonaba bien. Ya sólo había que adaptar el proyecto, presentarlo, defenderlo, terminar de convencerlos, convencer al grupo para salir de gira en marzo, estábamos a noviembre, convencerme a mí mismo y… Y hubo suerte.
Tetuán, Tánger, Fez, Casablanca y Marrakesh, del 18 al 22 de marzo. Cinco días, cinco ciudades. Ahora sí que empezaba nuestra aventura.
Hubo suerte y no es raro porque habíamos acudido, para que nos arrojara sus bendiciones, al maestro Miguel Ríos. Su valiosa experiencia con la música marroquí dio como fruto el fantástico Al Ándalus, un oráculo para nuestra sed viajera. Miguel nos adelantó que en su nuevo disco habría un tema titulado “El expreso de Marrakesh”, una especie realismo mágico gnawa. ¿Qué consejo nos dio? Algo así como: “Antonio, iros ya a Marruecos. Sólo allí podréis aprender todo lo que necesitáis de la cultura gnawa”. Inshalla.
Fulgencio sería el encargado de grabar material de vídeo tanto de los conciertos como del propio viaje, una roadmovie en toda regla. Nos presentó a Faridi Abderahim, un activista cultural de Casablanca, allí tiene su grupo Balak Balak. Se encargó de contactar con el grupo de Khalid Sansi en Casablanca y con la banda de Arafa Chaara en Tetuán, para las colaboraciones en los conciertos. Faridi haría las funciones de road manager durante todo el tiempo de la gira.
José Sánchez, “Josefa”, productor musical con quien he grabado unos cuantos discos, se encargaría de registrar todo el material en audio posible. Las grabaciones de los cinco conciertos se usarían para la edición de un nuevo disco. Grabarlo en Marruecos le daría el sonido y la emoción que buscábamos, más allá de la calidad de los micrófonos que utilizásemos. Queríamos registrar ese repertorio sintiendo la fuerza telúrica del sitio.
Moncho se nos adelantó llegando a Tetuán unos días antes para conocer a Arafa y para encargar una nueva Mandola a un luthier de allí. En Tetuán nos esperaban Javier Sola y Francesco Buffone del grupo Lima Negra. Javier colaboraría en la canción “El hermano loco” en los bolos de Tetuán y Tánger. Este tema hace referencia a una historia de amor imposible de mi hermano Jesús Arias con una chica de Tetuán y combina la letra con versos de unas canciones flamencas.
Zeke iría en su coche con Josefa y Fulgencio, lo aparcarían en Tetuán y embarcarían en el ferry a Tánger. No fue una buena idea en absoluto. Transportar el equipaje personal y musical para atravesar la frontera es lo peor que puedes hacer. Un temporal se interpuso en sus planes y anularon su ferry a Tánger. Estuvieron dando tumbos hasta llegar a Tetuán a través de Ceuta exhaustos y hambrientos.
En Tánger la lluvia golpeaba los cristales de la Tangerina. Isa y yo habíamos llegado unos días antes. Era nuestra segunda visita. Quería pasar un par de días para conocer mejor la ciudad desde otro ángulo y, aproveché el cumpleaños de Isa para regalarle un par de días extra y recorrer tantos lugares que nos habían parecido tan magnéticos y a los que estábamos deseando volver. La lluvia hacía vibrar el paisaje y nos mantenía pendientes de los compañeros que estaban atrapados al otro lado del temporal. Por supuesto, intentamos de nuevo localizar a Abdellah El Gourd sin éxito. Era nuestro segundo intento.
La ciudad en ramadán difiere un montón de la que habíamos visitado unos meses atrás. Otro ritmo, otro horario, otro ruido en las calles, otra monotonía. Teníamos que adaptarnos rápido. El ramadán se rompe a las seis y media, cuando se pone el sol y es necesario el abrigo de la sopa harira, los dátiles, la miel. Si íbamos a girar con músicos marroquíes, era mejor ajustarse a sus costumbres (más o menos) y preparar también nuestro cuerpo para la experiencia a la que ya lo habíamos empujado.
A las puertas del Hotel Rembrant seguía lloviendo. La lluvia, empezamos a acostumbrarnos a ella como una extraña compañera de viaje. Réda Ben Otamane, imprescindible compañero de nuestra expedición como sabríamos después, nos esperaba a las puertas del autobús que habíamos contratado.
El trayecto de Tánger a Tetuán no es muy largo. El paisaje te recuerda enseguida a Andalucía. Los nombres de los pueblos parecen de cuentos árabes. La comunicación verbal entre conductores vale más que cualquier señal de tráfico y Réda era todo un experto. La presencia policial es constante. La carretera está llena de agentes a cada lado y nunca sabes quién te puede parar y por cuánto te dejarán seguir tu viaje. Por si acaso, Réda llevaba su cartera verde.
Llegamos a Tetuán y Tetuán es Granada. Así. Esa es la impresión que me golpeó en cuanto me adentré en la ciudad. Su pasado está realmente muy unido a Andalucía históricamente y a España políticamente.
Arafa Chaara tiene una gran carrera profesional en el universo gnawa. Empezó desde muy niño y ha recorrido mucho mundo con su grupo. Es un hombre sensible y extremadamente respetuoso. Además, es hijo de español nacionalizado y aunque no habla del todo español, nos entendimos rápidamente. Las canciones que me había enseñado Abdullah Ghail, como “Bermasouyé”, funcionaban muy bien con ellos. También, para mi sorpresa, entendieron el espíritu de nuestras composiciones. “Rio de luz” o “Manos que me guían” enseguida los animaron a sentirse parte. Zeke encajaba su batería de manera maravillosa con las percusiones marroquíes. Sin duda, hace camino el andar.
Siendo la primera vez que Zeke, Ramón y yo interpretamos el set, realmente no teníamos ni idea de cómo lo acogería el público que llenaba la sala. De alguna forma, siempre pasa. Concierto a concierto, pero esta vez es única porque sabemos que estamos dando pasos nuevos. El guembri es otra historia, su historia, y estamos aquí a punto de contársela a nuestra manera. Respeto. Tocamos. Y hay suerte. De nuevo hay suerte y, como en un sueño, contemplamos con enorme alegría la respuesta entusiasta del público que está de píe, bailando, participando. En la primera fila, Isa me mira emocionada y baila, canta y ríe con Lorena Álvarez, que ha aprovechado para acercarse a verla. Javier Sola interpreta con nosotros el tema “El hermano loco” en el día y el lugar más apropiado.
Cuando salen Arafa y su grupo, la emoción se desborda. “Isla de Yas”. Abu Dhabi, ¡cuánto te debemos! Un momento mágico que dejó en todos nosotros el dulce sabor de la satisfacción. Al final, juntos improvisamos una versión de “Ah Foh”, que también me había enseñado Ghailan, y con la que Arafa y yo sellamos nuestro vínculo.
Tras el concierto,con una sensación extraordinaria, fuimos a un bar donde fumar algo de kifi y oír buena música. Francesco y Javier ya habían hecho el trabajo de campo los días previos. Terminamos la noche en el Riad Mtamar, un ejemplo de palacete dentro de la Medina y con un encanto arrebatador. Casualmente había en el patio un traje de maalem gnawa compuesto por un cinturón, un chaleco y un gorro. Sin dudarlo me vestí con aquellas ropas y entre bromas y veras fui investido “Maalem principiante”. Allí decidimos junto con el dueño Marwan volver lo antes posible para rodar un vídeo en ese escenario.
Salir de Tetuán es complicado sobre todo si algunos miembros de la caravana se pierden buscando comida exótica (o, comida, no es fácil hacer ayuno). Réda, nuestro conductor, es un trabajador entregado y casi sin conocernos ya nos tiene bastante paciencia. Como bien dice Faridi: “en Marruecos con una sonrisa se arregla cualquier malentendido”.
Nuestro microbús agradeció la presencia de Arafa, Mouhamed y Laarbi de vuelta a Tánger. Se estaba fraguando una extraña hermandad gnawa entre nosotros. Varios idiomas transitan en varias direcciones, desde la musical hasta la mezcla de lenguas en cada momento. Un esperanto propio e inmediato.
Tras las pruebas de sonido en el Auditorio del Instituto Cervantes, rompimos el ramadán en un restaurante cercano junto con Juan Vicente Piqués, su director. La ruptura de Ramadán no sólo se refiere a la comida y a la bebida, también se aplica a fumar. El grupo de Arafa salía pitando tras la ruptura, comían lo justo y a fumar un ratito, en eso también somos almas gemelas.
Los nervios del día anterior se habían convertido en expectación. Nuestro repertorio se desarrolló ese día bastante mejor y el reto nos daba grandes alas en el escenario. Entre el público aquel día estaba José Sánchez Montes con mujer Susana, Ana Muñóz, mujer del guitarrista de Lagartija Nick Juan Codorniú con su hijo Juan, además de Carmen e Ignacio del grupo Carmencita Calavera y los padres de esta, Pepe y Carmen, o sea, media Graná. Javier volvió a cantar de manera entusiasta con nosotros “El hermano loco”. Marcamos la entrada de los gnawis y, al igual que el día anterior, el efecto fue tremendamente emocionante. La idea de Moncho de que salieran desde el fondo de la platea creó un efecto arrollador entre el público. Al llegar el turno de las canciones del grupo de Arafa, este tuvo serios problemas con la pastilla que amplificaba su guembri. Vi la puerta abierta para hacer una cruda e improvisada versión del tema “Lafoh Mulana” que también Abdullah me había enseñado meses atrás. La gente disfrutó tremendamente de la actuación teniendo en cuenta que muchos desconocían la música gnawa.
Tras el concierto Arafa y su banda se marcharon de vuelta a Tetuán con todo el dolor de nuestro corazón, habíamos conseguido una comunicación estupenda en los ensayos y directos con un resultado que nos enamoró.
Decidimos hacer una pequeña celebración de vuelta al Rembrant con Juan Vicente y las amigas y amigos que se habían ido sumando. Allí se cena bien y te puedes tomar una cerveza (o dos) y tienen un piano maravilloso que Lorena se atrevió a tocar. A esa divertida reunión se incorporaron Monz y Nao del grupo de rock marroquí Lazywall, muy amigos de Fulgencio. Cantamos y reímos y celebramos que habíamos salido vivos (de milagro, como diría otro maestro, Enrique Morente).
Dejamos a nuestros paisanos de Granada en la internacional Tánger y salimos temprano hacia nuestro nuevo destino ya en un día soleado. Un sentimiento de desnudez nos rodeaba cuando partimos hacia Fez, ciudad mística y guardiana de la fe en Marruecos. En Fez está enterrado Ibn Al Jatib, allí murió exiliado y fue asesinado por orden de Mohamed V, Rey de Granada.
El trayecto es de unas cinco horas y puedes disfrutar del paisaje interior marroquí y sus innumerables pueblos. Gentes y animales despiertan el alma dormida del paisaje, no sólo la música, le digo a Lorca mientras miro por la ventanilla. Todo el recorrido es carretera nacional de doble sentido y te aseguro que no te aburres. Puede haber controles policiales cada diez o veinte kilómetros y si no hubiese sido por Réda y Faridi no creo que hubiésemos alcanzado la antiquísima ciudad de Fez.
Una alegría de niños nos invadía. Llegamos con el tiempo justo para comer algo en un hotel tipo europeo donde había un grupo de músicos marroquís de percusión y voz, con los que enseguida cantamos y bailamos. Así estaban nuestros ánimos.
Como no teníamos invitados esa noche, pudimos concentrarnos en mejorar las canciones y acudir al repertorio de Ibn Al Jatib para completar el set list. ¡Qué mejor sitio para recordarlo! El tema “Hora diez” de Jatib fue acompañado por sentidos recitados de Faridi que mezclaba el poema con improvisaciones suyas. El concierto volvió a ser sorprendente. Gente joven y bastantes alumnos de español disfrutaron de lo lindo en el salón de actos del Instituto Cervantes, queríamos conectar sobre todo con el público de allí.
El hotel donde nos alojamos se llenó de risas. No hace falta repetir que encontrar alcohol en ramadán, especialmente en Fez y en esas fechas, era casi imposible así que algunos optaron por un producto local para animarse. A esas alturas, costaba más el ayuno y la abstinencia y sólo Zeke había caído en la cuenta de traer embutidos de España, que por suerte compartió con nosotros, mucho menos previsores.
Antes de partir hacia Casablanca le pedimos a Réda que nos llevase al cementerio de Fez para visitar la tumba de Ibn Al Jatib. Moncho ya conocía la localización por visitas anteriores. Vivimos un momento muy emocionante y espiritual que le daba otro sentido más a nuestra gira. Aquel cementerio de cal y tierra nos dejó muy impresionados. La Medina de Fez está al lado, es enorme y no pudimos adentrarnos en ella por el peligro de perdernos. Esperamos en la Puerta de los Quemados, donde se supone que prendieron fuego al cuerpo profanado de Ibn Al Jatib. Por eso lo llaman el de las dos muertes, vaya historia.
De Fez a Casablanca hay también unas cuantas horas, la diferencia es que todo el trayecto es en autovía y se hace menos apasionante. Eso sí, los controles en cada peaje, esos no te los quita nadie. Y algún susto nos llevamos. Emociones no faltaron.
A mediodía nos encontramos en el recinto del Teatro La F.O.L. con Khalid Sansi y su grupo, Hassan Tigar y Nabil Lamsali. Khalid Sansi en un músico gnawa enormemente respetado en Marruecos. Ha tocado con todos los grandes maalems de allí. Él mismo lo es. También ha vivido alguna temporada en España y la comunicación se hizo en ese idioma principalmente, junto con el consabido pupurrí de lenguas. Es también una persona muy espiritual. Me comentó que el día anterior, en sueños, el djinn (un espíritu, no necesariamente malo o bueno, muy asentado en la cultura subsahariana y pre-islámica) se le apareció y Sansi le preguntó sobre los conciertos que íbamos a realizar juntos. El djinn hizo entonces un gesto como de cortar la garganta. Me quedé a cuadros y él, ante mi reacción, me aclaró que ese gesto no tenía por qué ser algo malo. La verdad es que la explicación no me dejó calmado.
Durante los ensayos, vimos la potencia de Sansi y su banda: un sonido más bestia que el de los días anteriores, una especie de punk-gnawa. Me fijé atentamente en cómo llevaba Sansi su guembri y qué cuerdas usaba, muy gruesas y de nylon, a diferencia de las cuerdas habituales de tripa de cabra.
El espacio en el que tocábamos tuvo más presencia del público de Khalid y comprobamos lo mucho que allí lo siguen. Era un escenario grande, con mucha distancia entre el público y la platea. La estructura fue la misma que los dos días anteriores, ellos salían al final de “Isla de Yas” y a partir de ahí nos juntábamos en los temas que habíamos probado con Arafa.
El concierto fue un subidón, un trance acelerado de esos que te enganchan reafirmando nuestra aventura y determinación. En ese concierto aprendimos de mano de Khalid más canciones gnawa.
Personalmente me vi apabullado por Sansi durante la actuación. Tras el concierto le comenté que el día siguiente tuviese piedad de mí, que yo estaba aprendiendo gnawa. Él no habla sobre cómo tocar gnawa, lo aprendes en el escenario, como debe ser, aunque un poco de ayuda nunca viene mal.
Recuperamos el ambiente de gira en el minibús con la presencia de Khalid y su grupo. El trayecto a Marrakesh es más corto que en los días anteriores y el cambio de paisaje es ya muy evidente, marcado por el color ocre, los tonos tierra, la intuición del desierto. Fuimos directamente al Bahía Palace, un palacio de finales del siglo XIX, en el interior de la medina, con fuerte influencia de la Alhambra. Una maravilla. Allí nos esperaba Sanae Mesmoudi, del Instituto Cervantes. Y pudimos disfrutar del palacio para nosotros solos durante un largo rato durante las interminables pruebas de sonido.
El público, mayoritariamente marroquí, abarrotaba la sala aceptando con entusiasmo nuestro repertorio. Cuando nos unimos con Sansi y su banda se desató el delirio tanto en el público como en nosotros. Las canciones fluían mejor que el día anterior y la comunicación también, de algo había servido la charla con Khalid. Sentimos ese pellizco del trance. De nuevo, recuerdo a Isa junto a Lorena Álvarez y su amiga Emmy cantando y saltando con el resto del público.
Tras la actuación continuó la magia en la gran plaza de Marrakesh a medianoche. Qué magnetismo tiene ese espacio con sus cantores y recitadores, con sus corros alrededor de la música. Nos dispersamos por la plaza durante un buen rato. Isa y yo decidimos comer algo y “algo” fue lo que le dio la gana al camarero. Cualquier sonrisa suponía dos platos de lo que sea y, como estaba tan rico, mejor que protestar fue buscar a los demás para que se unieran a terminar el gran banquete.
Réda no quiso entrar en Casablanca al día siguiente para dejar a Sansi y su banda, como nosotros, ingenuos granadinos, le habíamos pedido. Perderíamos toda la jornada si llevábamos a Khalid hasta su barrio pues Casablanca es, además de enorme, caótica. No recuerdo bien en qué pueblo los dejamos para que tomasen el AVE marroquí hacia Casablanca, lo que sí recuerdo es la emoción de la despedida de Faridi y los gnawas. Hassan Tigar, que además de músico es luthier, me regaló un juego de cuerdas de nylon para mi guembri. La generosidad de todos los músicos en todos los sentidos fue inmensa. Vaya también desde aquí nuestro eterno agradecimiento.
Llegamos a Tánger de noche y también fue triste despedirnos de Réda. Nos dejó una fortísima impresión por su manera de ser y su profesionalidad y su tono de voz parecido al de Louis Amstrong. No sabéis lo que es estar sin comer y sin beber conduciendo tantísimas horas, con convicción y convencimiento. Es increíble, “chapeau”.
Para celebrar todo lo celebrable, si es que algo nos había quedado por celebrar, hicimos una pequeña fiesta de nuevo en el Rembrant. Se nos unieron los hermanos Monz y Nao de Lazywall y ya Fulgencio me había avisado de que esa noche ellos vendrían con Bachir Attar de The Master Musician of Jajouka. Yo había conocido a Bachir Attar en Granada en 1995, cuando tocaron en el Womad. Pude fotografiarme con él y con su banda antes de la actuación y ver el concierto desde el mismo escenario. No pude evitar que ese reencuentro, el último día del viaje, me pareciera más bien un nuevo camino, otra razón para volver. Tocamos para ellos alguno de nuestros temas y el fin de fiesta fue tan divertido que dejó una promesa en el aire.
FIN DE LA PRIMERA PARTE